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Miércoles 21 de julio del
año
2004 Sucre - Bolivia
Percepciones
sobre el Referéndum
Gastón Solares
Ávila
El
Referéndum ha sido motivo de controversia desde poco
después de ser anunciado por el Presidente de la
República, cuando asumió el mando en octubre pasado y
comprometió su realización, como respuesta al pueblo que
lo exigió para modificar la política sobre la
explotación y comercialización de los hidrocarburos.
Desde el primer momento se puso en duda su efectividad, tanto por la
complejidad del tema, como por la poca preparación de la
ciudadanía. Al final, contra viento y marea, hubo
Referéndum y terminó con el triunfo del planteamiento
gubernamental. Quedaron para la historia las actitudes insólitas
de sectores radicales que se sublevaron, primero para que la consulta
popular se lleve a cabo y después para impedirla.
Ni las amenazas de acciones violentas como la quema de urnas, tan
propias de los que se atribuyen indebidamente la representación
del pueblo, ni los comentarios tan duros de quienes no obtuvieron los
espacios políticos que buscan en vano desde hace tiempo,
lograron imponerse ante un pueblo que esta vez mostró la otra
cara de la medalla boliviana.
A un lado quedaron los bloqueos, las marchas, las declaraciones
terroristas y acciones como las de Ayo Ayo, que recorrieron el mundo y,
al otro, está ahora la imagen de un país civilizado en el
que los ciudadanos ejercieron un derecho y cumplieron una
obligación, dentro del más admirable orden interrumpido
solamente por los silbidos contra los líderes del extremismo.
Es cierto que la gran mayoría ha votado por el sí, no por
el conocimiento y análisis del complejo tema de la
política sobre hidrocarburos, sino por la confianza en un
gobierno que no está sustentado por partidos políticos
tradicionales y que, sin embargo, ha dado evidentes signos de
cambio, sin utilizar otra arma que la fuerza de la razón y del
diálogo, al extremo de haber sido censurado constantemente por
su pasividad en aplicar la ley, ante los excesos que han
intranquilizado la vida cotidiana de los últimos meses.
Es también cierto que ha tenido marcada influencia la confianza
de muchos otros ciudadanos en Evo Morales, que instruyó a su
militancia votar en contra de las preguntas cuatro y cinco. Aunque el
resultado final es también favorable al planteamiento del
Presidente Mesa, el triunfo no es tan contundente. Es
difícil comprender la base que sustenta esa instrucción,
porque Chile necesita gas y Bolivia necesita mar y esa realidad
parece digna de ser parte de una base de negociaciones y, solamente
parte, porque la reivindicación marítima no es tan
sencilla como para decir, tanto de gas por tanto de mar. Tampoco
se entiende la razón que justifique oponerse a la estrategia
sintetizada en la última pregunta. En todo caso, hay que
respetar las opiniones y practicar la democracia aceptando y acatando
la voluntad de la mayoría
Pretender empañar el éxito de la consulta afirmando que
se ha engañado al pueblo boliviano, o afirmar que ha ganado el
"no" sumando los votos blancos y nulos al porcentaje de
ausentismo, son manotazos de ahogado que llegan al absurdo.
No pueden haber más de dos percepciones: La objetiva con
el claro triunfo de la democracia, del deseo de paz y de respeto a la
ley sustentado por la mayoría silenciosa de los bolivianos y la
irreal, inventada por los líderes radicales, que pretenden
disfrazar su derrota con una victoria en la que ni ellos creen.
La percepción es la aprehensión de la realidad por medio
de los datos recibidos por los sentidos, es un acto de entendimiento.
Las pasiones resultantes de los intereses personales y sectarios,
afectan la objetividad con sofismas que no son otra cosa que
argumentos aparentes, que se utilizan para confundir y para
distorsionar la verdad.
No se puede negar un hecho evidente, como es el resultado del
Referéndum, que le ha otorgado poder al Gobierno
para actuar con firmeza y para aplicar la ley con respaldo
ciudadano. Sólo falta el imprescindible apoyo del Congreso
Nacional, cuyos integrantes tienen la obligación de acatar lo
resuelto por el pueblo, sin recurrir a percepciones subjetivas e
interesadas que sigan interfiriendo la paz social que requiere
Bolivia para salir del subdesarrollo.
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