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Miércoles 12 de mayo del
año 2004 Sucre - Bolivia
Futuro
y competencia
César Rojas Ríos
El futuro no
será un camino expedito, tampoco una caverna misteriosa; sino un
escenario competitivo donde rivalizarán megabloques contra
megabloques, y en su interior, estados contra estados, ciudades contra
ciudades, empresas contra empresas, instituciones contra instituciones,
finalmente, ciudadanos contra ciudadanos, porque de la economía
de mercado estamos pasando a la sociedad de mercado. Una carrera –casi
una guerra– donde el trofeo para los más aventajados será
dominio geopolítico, bienestar económico y estabilidad
social.
Es evidente que habitamos una "aldea global", donde el mundo parece
haberse estrechado, pues los ciudadanos sabemos de todo sobre todos;
pero es menos evidente que vivimos dentro de un universo planetario,
donde las cosas parecen haberse agigantado en dimensiones descomunales:
no existe ya el taller de barrio, sino la multinacional; pasamos del
Estado acotado en su geografía a un Estado multinacional
continental. Ese mundo es ancho y ajeno, y conformado por grandes
astros distantes.
También es cierto que vivimos el agotamiento de un modelo de
organización. El siglo XX estuvo marcado por el Estado protector
y los ciudadanos en su interior se sentían protegidos en una red
de resguardos: salud, educación, vivienda, seguridad, trabajo.
El siglo XXI avanza hacia un Estado multinacional, y los ciudadanos
pasarán de la protección a la liberación, no
estarán más atados a la tierra de sus padres o al lugar
donde nacieron, sino podrán moverse libremente en un espacio
ampliado de oportunidades.
Estas son algunas leyes del nuevo código histórico que va
modelando el presente y el futuro. Toca comprenderlas para actuar en
consecuencia: uno, el Estado-nación no es una bola de naftalina
que acabará por deshacerse, pero como no es lo suficientemente
pequeño para ser local, ni lo suficientemente grande para ser
global, tendrá que realinearse dentro de megabloques; dos, las
industrias fueron los átomos que dinamizaban la materia
económica, hoy lo son las multinacionales: generan dos terceras
partes del comercio mundial, por tanto, a nuestras industrias
estratégicas les toca redimensionarse a la nueva escala si
quieren competir en ese universo planetario donde están las
grandes ganancias y pasar de la atomización a la fusión,
y tres, las universidades funcionaron como centros de educación
superior autónomos, pues querían evitar la injerencia del
Estado y la política en los temas académicos, ahora les
tocará funcionar como centros de educación superior
integrados, no desconectados unos de otros, sino en red.
¿Bolivia está mirando los grandes retos que nos trae el
siglo XXI? Pero, sobre todo, ¿podemos encaminarnos solos hacia
un mundo hipercompetitivo? Mientras nos mantengamos a espaldas de la
competencia y de la integración sudamericana, seguiremos siendo
una sociedad ahogada por sus problemas y traumas internos; una sociedad
asistida por la cooperación internacional para llevar adelante
sus políticas públicas y el propio funcionamiento de su
Estado; y una sociedad en crisis, donde la variable desempleo cada vez
crece y a mayor velocidad, las normas que regulan la conducta de los
ciudadanos se tornan menos efectivas, las brechas sociales se ahondan
creando peligrosos escenarios de polarización, los conflictos
sociales dejan de ser una hecho excepcional para convertirse en una
situación regular, y donde la desestabilización
política parece estabilizarse.
Mientras tanto, el futuro, como el búho insomne de la historia,
vigila y espera.
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