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Miércoles 12 de mayo del
año 2004 Sucre - Bolivia
La
voluntad de Dios
Waldo Peña Cazas
George W.
"lamenta" las torturas de prisioneros por sus soldados y mercenarios;
pero ratifica su voluntad de luchar por la libertad del pueblo
iraquí y por la vigencia de la democracia en todo el mundo. La
voluntad de George W. es la voluntad de Dios, pues se ha arrogado la
representación del Supremo Hacedor para liderar las fuerzas del
bien en su eterna lucha contra el mal.
No es el único en la historia. Hace siglos, Dios tenía
otro representante en este mundo: don Tomás de Torquemada. En
esos tiempos, los terroristas eran llamados brujos, o sea enemigos de
la fe, y este fraile dominico se propuso eliminarlos, a la cabeza
de una clerecía omnipotente, arrojándolos a la hoguera.
Pero el mundo cambia, y el poder necesita renovar sus dogmas
desgastados, porque colapsaría sin este sustento.
Para renovar los "valores" que sustentan su poder, las clases
dominantes dogmatizan la ideología, acomodando enunciados
generales a sus intereses, de acuerdo a las realidades sociales
emergentes y a las nuevas corrientes del pensamiento humano.
Así, el dogma es eficaz, porque tiene apariencia de verdad.
Cuando el origen divino de los reyes dejó de ser un
artículo de fe, sobrevino la Revolución Francesa, y el
triunfante racionalismo impuso un dogma distinto: "Libertad, Igualdad,
y Fraternidad". La nueva verdad revelada devino en un culto del
individualismo favorable al poder emergente, y se profundizó el
abismo entre poderosos y débiles, entre ricos y pobres.
Al comprender que "libertad, igualdad y fraternidad" eran pura
cháchara burguesa, los intelectuales comenzaron a hablar de
"contradicciones dialécticas", en un intento de explicar los
desajustes del sistema, y sobrevino el marxismo con el dogma de la
"dialéctica". Ni siquiera era necesario haber oído hablar
de Hegel para abrazar esta nueva religión y ganar prestigio
intelectual. Por largo tiempo, el culto dogmático de la
dialéctica fue el único contrapeso para la
religión absolutista del "laissez faire" liberal y capitalista.
Casi en todo el mundo, el marxismo o el liberalismo fueron
también la Voluntad de Dios, allá un Dios de ateos
racionalistas, y aquí uno de devotos del Becerro de Oro.
Con el derrumbe de la URSS, el Nuevo Orden Mundial tuvo que maquillar
mejor sus viejos dogmas: Libertad y Democracia, llenando su
vacío conceptual con el temor al terrorismo. La democracia no
es, como otros sistemas políticos, sólo un modo de
organización social deseable, vicioso y perfectible, sino una
religión universal intolerante. Criticarla es una
herejía, pues su imagen está ligada a la Libertad, aunque
nadie sabe en que consisten la una ni la otra. Pero, para conservar
sano el pellejo, debe entenderse que tienen la forma y la consistencia
que han adquirido en la mollera de George W.
Alguien definió el dogmatismo como una especie de realismo
ingenuo que lleva a una confianza ciega en una forma determinada de
conocimiento, con ausencia absoluta de sentido crítico. El dogma
somete al hombre a un principio o a una verdad revelada que oscurece el
pensamiento y constriñe la moral. Su significado debe ser
siempre oscuro, para que todos se sometan en forma acrítica y
emocional, haciendo suya una manera de pensar que es ajena. Los
píos inquisidores, los devotos dialécticos y los beatos
demócratas representan siempre la inescrutable Voluntad de Dios,
y usan el dogma para inducir o condicionar la conducta colectiva, sin
dar lugar a la razón crítica, sacralizando consignas para
perennizar sistemas de privilegio.
Por eso, el mundo entero está obligado a pensar como George W.,
Sumo Sacerdote de la Democracia y de la Libertad; y ay de quien
desoreje o saque los píes del plato.
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